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Categoría: INFORMACION

El ser humano tiene un dinamismo interior que le impulsa a rechazar que se le de un trato de objeto o de mero medio, el sabe en su interioridad que es un fin, de lo contrario, su autoestima entraría en la senda de la autodegradación. Por ello es que nos escandalizamos ante la explotación, maltrato, abuso o abandono de los débiles, los desamparados, las minorías, los pobres, etc.

Salta como sentido de vida la asistencia personas que nos ofrece el tener un valor como la dignidad, ella tiene una existencia objetiva, es decir, es real, independientemente de que otros la reconozcan o no. 

La dignidad propia del hombre es un valor singular que fácilmente puede reconocerse. Lo podemos descubrir en nosotros o podemos verlo en los demás. Pero ni podemos otorgarlo ni está en nuestra mano retirarselo a alguien. Es algo que nos viene dado. Es anterior a nuestra voluntad y reclama de nosotros una actitud proporcionada, adecuada: reconocerlo y aceptarlo como un valor supremo o bien ignorarlo o rechazarlo.

Este derecho natural tiene una realidad ontológica, o sea, es una orden ideal relativo a las acciones humanas con replica en lo social en institucional, haciendo que emerjan permanentes divisiones entre lo conveniente y lo inconveniente, lo adecuado e inadecuado. La verdad del desequilibrio que se presenta sobre el aprecio de este juicio de valor, sustenta a diario nuetra existencia y el ejercicio de la función legal y humana, de apersonarnos de las diferencias, cuando ellas, marcan una lesión a los derechos personales o colectivos o amenazan con hacerlo.

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MARLON AUGUSTO CABRERA DAZA
Personero Municipal De Villavicencio

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